Cuando uno sabe que le quedan solo meses, o incluso solo semanas de vida, ¿echa cuentas sobre los actos y acontecimientos que le llevaron hasta este punto? ¿De qué sirve arrepentirse o cambiar de idea? ¿Es posible cambiar por la cercanía del final los fundamentos que hasta este momento sustentaron el credo de la persona?
¿Cómo viven los demás, los que uno tiene alrededor, los más cercanos, el hecho de despedirse, de tener que vivir un futuro sin esta persona querida u odiada?
Las creencias de uno, muy acertadas o desacertadas que sean, pueden arruinar la vida de otros y pueden destrozar familias, alejando madres de sus hijos para siempre. Ya decía mi madre que el camino al Infierno está pavimentado con adoquines de buena voluntad.
Papá Lewis es un buen hombre. Es buen marido, buen padre de su hija y buen jefe en la ferretería que regenta. Lo que todos los vecinos de Holt consideran seguramente una buena persona. Pero, al llegar al final de su vida, falta una persona a su lado, una persona que no está por su culpa, por culpa de sus creencias homófobas que consiguieron ahuyentar a un adolescente en pleno descubrimiento de su ser, de su sexualidad y de sus valores, y que no volverá nunca más al hogar familiar.
La figura de este padre incapaz de enfrentarse a lo desconocido, cuyo miedo y rechazo envenena toda relación posible dentro y fuera de la familia, me recuerda la película de Alan Ball, Mi tío Frank (2020), donde el nombre del protagonista coincide casual o no casualmente con el del hijo de los Lewis de Haruf. Los demás hacen como si no pasara nada y en los dos casos el hijo prefiere buscar una vida lejos, para no tener que enfrentarse a un padre homófobo y a una familia que calla.
Me parece curioso el contrapunto a esta limitación de la libertad individual con el ambiente de libertad que inspiran las mujeres vecinas. La escena del baño, donde todas aparecen desnudas, sin tapujos, sin necesidad de esconder sus cuerpos, ni avergonzarse por nada simboliza cómo entienden ellas la libertad.
Otro personaje curioso es el reverendo Lyle, cuyos ideas e ideales tampoco parecen encajar bien en el imaginario de una congregación sumamente arcaica y que demuestra de nuevo que lo diferente es muy poco tolerado por los demás, que se creen superiores en su acostumbrada normalidad.
¿Necesitamos la bendición de los demás o podemos ser libres y no esperar que los prejuicios nos guíen por caminos que realmente no queramos elegir?
La forma de narrar de Haruf es muy elegante, dándonos a conocer a través de pequeñas anécdotas y detalles que parecen insignificantes, la complejidad de las vidas de los vecinos de Holt.
En la última novela de la “Trilogía de la Llanura” Haruf nos presenta un abanico de personajes nuevos, que crean su micromundo dentro del universo de Holt. Esta entrega de la trilogía sí se puede separar de las otras dos novelas, La canción de la llanura y Al final de la tarde, mantiene su entidad sin echar de menos los otros dos. No obstante, las primeras dos entregas me resultaron más impactantes e íntimos al mismo tiempo.
“Trilogía de la Llanura”:
Plainsong, publicada en 1999, ganadora de varios premios, traducida al castellano por Agustín Vergara con el título de La canción de la llanura, editada por Penguin Random House Grupo Editorial en octubre del 2017.
Eventide, publicada en 2004, traducida al castellano por Cruz Rodríguez Juiz con el título de Al final de la tarde, editada por Penguin Random House Grupo Editorial en mayo del 2018.
Benediction, publicada en 2013, traducida al castellano por Cruz Rodríguez Juiz con el título de Bendición, editada por Penguin Random House Grupo Editorial en marzo del 2019.
Otras obras de Haruf: The Tie That Binds (1984), Where You Once Belonged (1990), Our Souls at Night (2015), esta última traducida al castellano por Cruz Rodríguez Juiz con el título de Nosotros en la noche, editada por Penguin Random House Grupo Editorial en octubre del 2016 y llevada a la gran pantalla con actores de la talla de Robert Redford y Jane Fonda.