Había una vez tres chicos de Brooklyn: el guapo, el listo y el tercero…siempre hay un tercero. Después vino la chica y empezaron los problemas. Además, en la época de la Gran Depresión, sin trabajo, sin futuro, todo apuntaba hacia un destino poco favorable, lleno de desgracias e ilegalidades. Pero el listo a lo mejor no era tan listo y el guapo no era solo una fachada bonita y entre él y la chica consiguieron engañar a todos.
Chicos corrientes que se pueden convertir en ladrones, matones y mafiosos. ¿Se debe a una jugarreta del destino o una serie de malas decisiones? Seguramente a ambas.
¿Quién es más ladrón, quien roba por necesidad, en una situación desesperada y sin salida o los bancos que nos engañan y ocultan información para quedarse con la mayor cantidad de beneficio posible, incluso a sabiendas del engaño y una posible pérdida para quienes confían en ellos?
Al final un ladrón es un ladrón, robe más o menos, cruzando el límite de lo socialmente establecido y defendido como correcto. Pero somos más dados a perdonar a los que engañan a grandes empresas o bancos, convirtiéndolos incluso en héroes en nuestro imaginario.
Este fue y es el caso de Willie Sutton. Fue, porque ya en su época la gente de a pie lo consideraba de alguna manera un héroe, y es porque a través de la novela de Moehringer se puede convertir de nuevo en uno.
La primera obra que leí de J.R. Moehringer fue la “autobiografía” de Agassi (Open. Memorias, Duomo Ediciones, Barcelona, 2019), novelista y periodista estadounidense que en 2000 ganó el premio Pulitzer de Periodismo. Tengo que confesar que aún me queda por leer su primera novela, El bar de las grandes esperanzas (Duomo Ediciones, Barcelona, 2015), pero no me arrepiento de haber elegido primero A plena luz (Duomo Ediciones, Barcelona, 2017), cuya ambientación y construcción nos transporta de forma inequívoca a la edad dorada americana de los mafiosos y contrabandistas de los años 20.
Moehringer nos va llevando de la mano de Willy Sutton y sus dos acompañantes anónimos, Fotógrafo y Periodista, pasando por cárceles, burdeles y bancos, reconstruyendo una vida perdida, basada en mentiras y el autoengaño.
Me encantó la ambientación, pudiendo casi tocar y oler estos años de robos fáciles y amores imposibles que atravesó y añoró el mayor ladrón de bancos de todos los tiempos, Willy Sutton.
Libro que podría ser la base para una buena película.