Esta es la historia de Christopher, un chico muy especial. Tan especial que va a una clase de niños especiales, con necesidades especiales. ¿Qué significa esto? Puede ser debido a una minusvalía o de una genialidad, ¿quién sabe? ¿Quién define lo que es “normal” o lo que no lo es? Algunos maduran antes, otros después; algunos saben solucionar teoremas imposibles, componer sinfonías magníficas o saberse de memoria todas las capitales del mundo; sin embargo, no saben llegar solos hasta la siguiente parada de autobús. Minusvalía o plusvalía, entender, pero no ver o ver y no entender.
Igual que Christopher no entiende a la sociedad que le rodea, sus reglas y exigencias, ni esta sociedad, ni sus padres entienden las de Christopher. A través del libro de Haddon nos podemos acercar a un mundo aún desconocido para muchos, pero cada vez más cercana y atendida en nuestra sociedad del siglo XXI que favorece la integración de niños y adultos con este tipo de trastorno neuronal, como es el síndrome de Asperger.
¿Qué mundo es más real o importante? Uno donde discutimos, intentamos convencer, mentimos, abandonamos y herimos; o el de Christopher, donde el orden y la cotidianidad prima sobre las reglas y exigencias sociales, y donde uno es feliz resolviendo un enigma o contando coches amarillos y rojos. Contar los números primos, calcular las potencias de un número sirven a Christopher, un muchacho de 15 años, a relajarse en situaciones que le resultan extremadamente tensas o difíciles de afrontar.
La gente le provoca confusión, sin embargo, las matemáticas son una disciplina a la que Christopher puede agarrarse como a un paracaídas que le salva en caso de necesidad. Y desde que encuentra al caniche de la vecina muerto en el jardín de ésta, este muchacho tan especial encontrará cada vez más situaciones donde recurrir a la seguridad de los números. Los hechos se cuentan desde su perspectiva de adolescente con síndrome de Asperger, desde su incomprensión de situaciones y circunstancias que los demás entendemos a la perfección.
No hay buenos y malos en la vida real, pero Christopher no entiende de matices. Sus interpretaciones son literales, y como él siempre dice la verdad, es lo que espera también de sus seres queridos. Al descubrir el mundo de los adultos, un mundo complejo y lleno de mentiras, rechaza esta parte del mundo e intenta ir en busca de su verdad. A través de este viaje descubre nuevos aspectos de la vida, igual que descubre cualquier adolescente, con su punto de vista particular y en muchos casos rebelde.
Es un viaje de rebeldía y de la inocencia perdida, pero también es de valentía y crecimiento personal, teniendo en cuenta, que las personas con síndrome de Asperger generalmente dependen de la constancia e invariabilidad de su entorno y vida diaria para poder estar estables. Los cambios repentinos suponen en su caso tal grado de atención y esfuerzo para interpretar la información recibida que, al exigirles una actividad cerebral muy elevada, puede desembocar en un estrés extremo.
Al igual que ocurre con otras formas de trastorno del espectro autista, los padres de niños con este síndrome muestran altos niveles de estrés, que puede ser causante de una situación familiar desequilibrada. Esta situación se presenta de forma magistral en la novela de Haddon, con padres separados, una madre que huye de su responsabilidad y un padre al que supera completamente esta situación familiar.
Hay tantas cosas que se nos dicen en la vida que no podemos hacer y otras tantas que por limitaciones propias no hacemos. Sírvannos de ejemplo las últimas palabras del libro y del mismo Christopher: “…y eso significa que puedo hacer cualquier cosa.” Fin.